Desde nuestra inserción y transcurso histórico en la lucha por el desarrollo en equidad de nuestras vidas, las mujeres optamos por diversos medios de expresión, uno de ellos fue (es) la práctica del discurso escrito en el campo anarquista, donde estamos inmersas a través de la prensa anárquica como medio de difusión, de concientización y llamado a la acción.
Hoy en día este impulso y base de acción generada, hace que asumamos, aún más, la importancia de ésta manifestación como un punto de partida para la desestabilización, para el desplazamiento respecto a las normas que rigen nuestra existencia, es decir agitación, revuelta escrita como práctica subversiva contra lo establecido. Ya que aún es subestimada la capacidad de las mujeres a la práctica, al desarrollo intelectual, inclusive en nuestro propio entorno. Ante esta situación es inevitable y necesaria la denuncia además de inmiscuir nuestra lucha con mucha más fuerza y trascendencia a través del escrito político; calar y transgredir, conlleva al rompimiento y término de estereotipos, de juzgamientos y de ese avezado afán patriarcal de minimizar las capacidades femeninas. Aunque así llevemos a cuestas supuestos avances generacionales en cuanto a desenvolvimiento equitativo. Se pone en evidencia cuan aberrante es el estado de cosas, tomando solo éste asunto en referencia (del tan largísimo prontuariado patriarcal). Apelar a nuestra constancia y abocarnos con nuestras convicciones a la activa participación, a la constante agitación que marcarán el camino hacia el cambio social.
Hoy en día este impulso y base de acción generada, hace que asumamos, aún más, la importancia de ésta manifestación como un punto de partida para la desestabilización, para el desplazamiento respecto a las normas que rigen nuestra existencia, es decir agitación, revuelta escrita como práctica subversiva contra lo establecido. Ya que aún es subestimada la capacidad de las mujeres a la práctica, al desarrollo intelectual, inclusive en nuestro propio entorno. Ante esta situación es inevitable y necesaria la denuncia además de inmiscuir nuestra lucha con mucha más fuerza y trascendencia a través del escrito político; calar y transgredir, conlleva al rompimiento y término de estereotipos, de juzgamientos y de ese avezado afán patriarcal de minimizar las capacidades femeninas. Aunque así llevemos a cuestas supuestos avances generacionales en cuanto a desenvolvimiento equitativo. Se pone en evidencia cuan aberrante es el estado de cosas, tomando solo éste asunto en referencia (del tan largísimo prontuariado patriarcal). Apelar a nuestra constancia y abocarnos con nuestras convicciones a la activa participación, a la constante agitación que marcarán el camino hacia el cambio social.
Mayra Arroyo
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